Hola, muchas bendiciones para tu vida. Bienvenido a este tu devocional A solas con Jesús.
Un espacio donde compartiremos la palabra de Dios, esa palabra que nos enseña y acerca cada día más a Él. Hoy queremos hablar de un amor que no tiene límites, de un perdón que es totalmente gratuito y de cómo Dios nos recibe siempre con los brazos abiertos, sin importar por dónde hayamos pasado.
Lucas 15:20
«Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó.»
A veces sentimos que hemos cometido errores graves, que hemos tomado caminos equivocados o que nos hemos alejado de lo que es bueno. Es posible que creamos que lo que hemos hecho es demasiado grave para ser perdonado o que no merecemos ser recibidos de nuevo, pensando que tendremos que pedir perdón durante mucho tiempo o que tendremos que pagar por lo que hicimos.
Sin embargo, esta historia nos muestra una verdad maravillosa. El amor de Dios no espera a que seamos perfectos, ni espera a que estemos cerca para actuar. Cuando tomamos la decisión de volver a Él, su reacción no es de enojo ni de reproche, sino de alegría y misericordia.
En este pasaje vemos la historia del hijo pródigo, quien se fue de casa, gastó todo lo que tenía en cosas que no le servían y terminó pasando necesidades. Cuando se dio cuenta de su situación, decidió volver a casa dispuesto a reconocer su error y aceptar ser tratado como un empleado más. Pero lo que más resalta en este versículo es la actitud del padre.
«Cuando aún estaba lejos», dice que lo vio. El padre no se quedó esperando a que el hijo llegara hasta él.
No esperó a que terminara de hablar para mostrarle su amor. En cuanto lo distinguió a lo lejos, se llenó de compasión, salió a su encuentro y lo abrazó con afecto. Esta imagen nos habla de cómo actúa Dios con nosotros.
Él está siempre atento a nuestro camino. Aunque nos alejemos, aunque nos equivoquemos, su mirada nunca se aparta de nosotros. Y cuando decidimos volver a su lado, no nos recibe con reproches, sino con los brazos abiertos, con perdón y con alegría.
Su amor no depende de lo que hemos hecho, sino de quién es Él: un Dios lleno de gracia y de misericordia. No importa cuán lejos nos hayamos sentido ni cuánto tiempo haya pasado. Lo único que necesitamos, en verdad, es tomar la decisión de volver. Y, como el hijo de la historia, encontraremos que el Señor ya nos está esperando, listo para recibirnos con amor.
Hoy podemos recordar que el perdón de Dios es gratuito y total. No tenemos que cargar con la culpa, ni creer que no hay esperanza para nosotros. Si hemos tomado un camino equivocado, si nos hemos alejado, siempre hay lugar para volver.
El Señor no nos juzga con dureza, sino que nos recibe con el mismo amor del padre de esta historia: con alegría, con un abrazo y con el deseo de restaurar nuestra relación con Él. Que hoy podamos acercarnos a Dios con confianza, sabiendo que su amor es más grande que cualquier error y que su perdón es suficiente para renovar nuestra vida.
Quiero que recuerdes que Dios siempre está ahí, esperándote. Él está atento y quiere restaurarte totalmente. Entonces, vamos a orar y a decirle al Señor:
«Señor Jesús, en esta hora reconozco mis errores. Sé que me he ausentado de tu presencia, sé que no he hecho lo correcto y que he fallado.
Pero hoy me arrepiento y quiero volver. Quiero volver a tener esa intimidad contigo, esa buena comunión y disfrutar de tu misericordia, de tu amor y de tu presencia cada día. Ayúdame, Señor, a seguir permanentemente delante de ti.
Que ya no tengas que seguir esperando por mí, porque quiero estar a tu lado por siempre. Gracias, Señor, por esa misericordia gratuita que nos ofreces. En el nombre de Jesús, amén.»
Que el Señor te bendiga grandemente. Nos vemos en el próximo devocional, en A solas con Jesús.
