¡Muchas bendiciones para tu vida en este día, que la paz de nuestro amado Jesús esté en tu corazón! Bienvenido a este tiempo a Solas con Jesús.
Hoy vamos a detenernos y respirar y escuchar lo que Dios quiere hablar a nuestro corazón.
Jeremías 31:3
«Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo diciendo: Con amor eterno te he amado, por tanto te prolongué mi misericordia.»
Hay algo que debes entender hoy y es que aunque tú te hayas detenido, Dios no lo ha hecho. Su llamado sobre tu vida no se ha apagado ni tampoco se ha debilitado, no ha perdido fuerza. Tal vez el ruido, las ocupaciones o las luchas te hicieron pensar que todo quedó atrás, pero el amor de Dios no funciona como el nuestro.
El amor del Señor no cambia, no se cansa, no se retracta. Mientras que el amor del hombre es pasajero, hoy ama, mañana aborrece y hasta nos olvidamos de las promesas y de las cosas que un día dijimos y las echamos al cesto de la basura, Dios no lo hace. Dios permanece fiel, de tal manera que Dios te llamó no por lo que tú eras en un momento, sino que te llamó por lo que Él ve en ti desde la eternidad.
Aún cuando te sentiste lejos, aún cuando guardaste silencio, aún cuando pensaste que ya no era el tiempo, su voz sigue allí susurrando: «vuelve, vuelve». Hoy no es un día para lamentar lo que no hiciste, más bien es un día para responder a ese amor que sigue insistiendo, llamándote, porque cuando Dios ama, permanece y cuando Él llama no se equivoca.
No importa cuánto tiempo haya pasado, ese llamado que Dios te hizo sigue allí vivo, vigente, y tú aún estás a tiempo de responderlo.
Estás a tiempo de decirle a Él: «Heme aquí Señor, aquí estoy. ¿Qué quieres que yo haga Señor? ¿Qué quieres de mí?» Yo sé que Dios está allí para ayudar, porque lo que más quiere el Señor es eso, que podamos disfrutar de su amor, de ese llamado, de esa intimidad con Él, de estar a solas con Él, de que tú puedas confiar plenamente en ese Dios que te ama, ese Dios que está dispuesto a todo por ti. Y que ha manifestado ese gran amor por ti, cuando dio a su hijo amado Jesús para que muriera en la Cruz del Calvario para darte una salvación.
Entonces podemos ver que Él aún sigue llamando y diciendo: «Estoy dispuesto para restaurar tu vida. Si hoy es el día que tú quieres volver a mí, si hoy es el día que tú quieres volver a esa intimidad conmigo, yo estoy dispuesto a restaurarte, a hacer de ti esa persona que realmente anhelo que tú seas.»
Entonces ya no le des más vueltas a esto, vuelve al Señor, porque su llamado no se ha apagado, su llamado sigue vigente. Recuerda algo muy importante y que nunca se te olvide:
¡El llamado de Dios no se apaga, sólo está esperando tu respuesta!
«Señor gracias, porque tu amor por mí no ha cambiado. Hoy reconozco que muchas veces me alejé, me distraje o dudé, pero tu llamado sigue firme.
Aquí estoy Señor, vuelvo a ti. Aviva en mí el propósito que sembraste, renueva mi fuerza, enséñame a caminar nuevamente en tu voluntad. Ayúdame a permanecer fiel a ti Señor, que nada me aparte de tu amor.
Como dice tu palabra, que ni la vida ni la muerte me aparten de ti, ni lo alto, ni lo profundo, ni ángeles, ni principados, ni potestades, que nada me pueda apartar de ese amor tuyo, de ese llamado que tú un día me hiciste, que yo pueda permanecer fiel a ti.
Gracias Dios por tu palabra, gracias por llamarme para servirte, gracias en el nombre de Jesús, amén.»
