Mateo 5:1-12 El Sermón del monte: Las bienaventuranzas <<leer texto>>
El Sermón del Monte, considerado una de las enseñanzas más profundas de Jesús, continúa siendo una invitación viva para quienes desean una vida transformada. Más que una simple lección, se presenta como un llamado a adoptar la identidad de hijos de Dios, reflejando Su plenitud en todas las áreas de nuestras vidas.
Dios no nos ha llamado para ser del común, Él nos ha escogido para ser diferentes, para marcar la diferencia en medio de un mundo que necesita ver el carácter del Reino. No basta con decir “soy cristiano” o “creo en Dios”, lo que realmente importa es que nuestras acciones, nuestras palabras y nuestro testimonio reflejen que Cristo vive en nosotros.
Jesús, al enseñar las bienaventuranzas, no solo estaba dando una lista de virtudes, estaba revelando el ADN del Reino. Ser pobre en espíritu, llorar por nuestras faltas, ser mansos, tener hambre de justicia, ser misericordiosos, tener un corazón limpio… todo esto describe el carácter que Dios espera de sus hijos, y ese carácter no se forma de la noche a la mañana, sino que requiere humildad, disposición y sobre todo, una vida rendida al Espíritu Santo.
Muchos quieren ejercer ministerios sin haber sido preparados, se autoproclaman pastores, maestros, líderes, sin haber pasado por el proceso de formación que Dios establece. Pero el Señor no llama para títulos vacíos, Él llama para capacitar, transformar y enviar con propósito. Antes de cada misión, hay una preparación, y si no hay conocimiento, si no hay vida en la Palabra, lo que se transmite es confusión, no verdad.
El Reino de Dios necesita gente que viva la enseñanza de Jesús. No podemos seguir con una vida dividida: mitad en el Reino, mitad en el mundo. O somos del Reino, o no lo somos, y eso se define por cómo vivimos cuando nadie nos ve. Dios no se impresiona por lo que mostramos en público; Él examina nuestra vida privada, nuestro corazón y nuestros pensamientos.
Hoy te invito a que te examines. ¿Estás reflejando la plenitud de Dios? ¿Estás viviendo como alguien que ha sido escogido para marcar la diferencia? Si no es así, no te condenes. Corre al Señor, pídele que te limpie, que te capacite, que te forme, porque Él quiere usarte, pero primero quiere transformarte.
Oremos juntos: Señor, hoy me rindo ante ti. Limpia mi corazón, forma mi carácter y ayúdame a vivir conforme a tu verdad. Que mi vida sea un reflejo de tu plenitud y que cada paso que dé esté guiado por tu Espíritu. Hazme diferente, Señor, para que otros puedan ver en mí la luz de Cristo. Amén.
Tomado del sermón: «Reflejar la Plenitud de Dios»
Edición & Redacción: Jorge Garcia.
Comparte esto:
- Haz clic para compartir en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook
- Haz clic para compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp
- Haz clic para compartir en Telegram (Se abre en una ventana nueva) Telegram
- Haz clic para compartir en Threads (Se abre en una ventana nueva) Threads
- Haz clic para compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X