Un encuentro inevitable – Apocalipsis 1:12-18
Juan fue un hombre piadoso, santo, apartado del mal, maestro de la palabra y celoso del evangelio. Sin embargo, cuando tuvo su encuentro con Jesús cayó debilitado y casi muerto…
Juan fue un hombre piadoso, santo, apartado del mal, maestro de la palabra y celoso del evangelio. Sin embargo, cuando tuvo su encuentro con Jesús cayó debilitado y casi muerto…
Dios es tierno y compasivo, pero no podemos abusar de su gracia para vivir en 2 aguas.
Recordemos que el Dios inmensurable (aquel que es imposible de medir) es quien nos demanda que debemos mantenernos sencillos alabándole como reconocimiento de que él es el único grande.
La sabiduría se halla en la búsqueda y reflexión continua de la palabra de Dios, pero su manifestación es la prudencia.
Siempre hemos hablado de lo maravilloso y misericordioso que es nuestro Dios, y lo hacemos porque sin duda lo es, pero no podemos olvidar sus demás atributos para no pecar contra él.
Amados, Dios no miente, él ha prometido y cumplirá. Es solo cuestión de tiempo y pienso que ya no queda mucho.
Dios siempre ha cuidado de nosotros, nos sustenta, nos defiende y nos aconseja para que no entremos en camino de muerte, así que no hay por qué temer.
¿Cuántas veces hemos recibido invitaciones importantes de esas que nos parecen chéveres pero que nos ponen a pensar porque, aunque queremos asistir, sentimos que no tenemos el atuendo adecuado?
La palabra dice «todo el que este trabajado y cansado venga a mi y yo le haré descansar» pero tal descanso lo hallamos solo a través de la oración.
Orar es un refrigerio y no una carga, es el momento en que podemos desnudarnos con confianza ante el Señor y mostrarnos tal cual somos.