La Biblia nos enseña que, aunque el tiempo pasa y las generaciones cambian, Dios permanece igual. Su carácter no cambia, su propósito no cambia y su plan de salvación tampoco cambia.
La Escritura lo afirma claramente: “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos.”
(Hebreos 13:8)
Si Dios no cambia, entonces su evangelio tampoco cambia. El mensaje de salvación sigue siendo el mismo: Dios reconcilia al ser humano con Él por medio de Jesucristo. Sin embargo, a lo largo del tiempo los hombres han cambiado su manera de ver y vivir ese evangelio. El pecado, los intereses personales y la incredulidad han llevado a muchos a reinterpretar el mensaje de Dios según su conveniencia.
Por eso es necesario hacernos una pregunta sincera: ¿Cómo está nuestro evangelio?
Para muchas personas hoy el evangelio se ha convertido en algo muy diferente de lo que la Biblia enseña. Algunos lo ven como una fuente de milagros. Acuden a Dios solamente cuando necesitan algo urgente: una sanidad, una solución o un favor. Cuando sienten que han recibido lo que buscaban, se alejan nuevamente.
Otros lo consideran un albergue temporal. Acuden a Dios en momentos de crisis o dolor, como si fuera un refugio mientras pasa la tormenta, pero cuando las cosas mejoran continúan su vida sin compromiso con Él.
También hay quienes lo tratan como un negocio, utilizándolo para obtener beneficios personales o materiales.
Y para otros, la fe se ha convertido simplemente en un espacio de entretenimiento, un lugar para socializar o pasar el tiempo, pero sin una verdadera transformación espiritual.
Ese no es el evangelio que enseña la Biblia. Cuando el mensaje de Dios se reduce a beneficios, comodidad o entretenimiento, deja de ser el verdadero evangelio y se convierte solamente en apariencia y religión.
La Biblia advierte que esto ocurriría: “Me maravillo de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.” (Gálatas 1:6)
El verdadero evangelio no existe para acomodarse a nuestras expectativas; más bien, nos llama a alinearnos con la voluntad de Dios. Solo aquellos que se acercan a Dios por medio de la fe en Cristo y la obra del Espíritu Santo pueden experimentar la realidad del evangelio verdadero.
Por eso la pregunta sigue siendo válida hoy: ¿Cómo está tu evangelio?
