“Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.”
(1 Corintios 1:18)
La cruz de Cristo no fue un accidente ni un simple hecho histórico; fue el corazón del plan de Dios para nuestra salvación. Para el mundo incrédulo la cruz parece una derrota, pero de acuerdo con la palabra de Dios en 1 Corintio 2:14 “el hombre natural no percibe las cosas que son del espíritu de Dios porque para él son locura y no las puede entender porque se han de discernir espiritualmente”; el hombre natural no es regenerado y está lejos del espíritu y no tiene aprecio por el evangelio. Para quienes hemos creído, la cruz es la mayor victoria sobre el pecado pues en ella Jesús cargó con nuestra culpa, pagó el precio de nuestro pecado y nos abrió el camino a la vida eterna. Allí el amor venció al odio, la gracia venció al juicio, y la vida venció a la muerte.
Cuando entendemos esto, la cruz deja de ser solo un símbolo colgado en la pared y se convierte en el lugar donde fuimos transformados para siempre. Ese poder sigue activo hoy: sana corazones rotos, rompe cadenas espirituales y da esperanza al perdido.
Oración:
Señor Jesús, gracias por tu sacrificio en la cruz. Ayúdame a nunca olvidar el precio que pagaste por mi salvación. Que tu amor y tu poder me guíen cada día y que pueda compartir esta verdad con otros. Amén.
Serie Devocional: A solas con Jesús.
Autor(a): Ps. Rosario Salazar
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